Difícil confrontar públicamente la pornografía en la iglesia: ¿por qué?

Un tema impopular
No es un tema sencillo, ni agradable, ni bonito, ni popular, al menos para el liderazgo de la iglesia. Quizás por ignorancia, por miedo, por no agitar las aguas… o quizás por tener los pies metidos en el barro.
Lo que dicen los números
Las estadísticas sobre pastores atrapados en la pornografía son abrumadoras, tanto entre jóvenes como entre adultos. Un estudio del Barna Group publicado en 2016, que encuestó a cientos de pastores en Estados Unidos, encontró que:
- Más de la mitad de los pastores (57 %) y cerca de dos tercios de los pastores de jóvenes (64 %) reconocieron haber luchado con la pornografía, ya fuera en el pasado o en el presente.
- Alrededor de uno de cada siete pastores, y uno de cada cinco pastores de jóvenes, dijo estar luchando en ese momento.
- La mayoría de los que luchan afirmó que su ministerio se ha visto afectado, que siente una gran vergüenza y que vive con miedo de ser descubierto.
- Muchos miembros de iglesia piensan que un pastor en esa situación debería ser despedido, mientras que muy pocos pastores piensan lo mismo de un colega; ellos prefieren consejería y rendición de cuentas.
- Casi todos los pastores coinciden en que el problema es mayor que en el pasado.
Con estos datos se entiende por qué el tema es tan escabroso en la iglesia. No es fácil exponerse a la vergüenza pública de decir: «Yo soy su pastor y consumo pornografía». Tampoco es fácil para un pastor que vive de su ministerio arriesgarse a perder su sustento. Tiene mucho que perder: su ministerio, su trabajo, su honra y quizás hasta su familia.
¿Qué vale más?
Pero ¿no es mejor perderlo todo con tal de glorificar el nombre de Cristo? Jesús dijo:
«Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará» (Mateo 16:25).
¿No es mejor hallar la vida por causa de Cristo que perderla por cuidar el nombre, el trabajo, el estatus o la apariencia?
«Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (Mateo 19:29).
¿No es mejor dejarlo todo por la vida eterna? ¿O vale más la apariencia que debemos cuidar?
Verdades que hemos olvidado
Hemos olvidado algunas verdades esenciales de las Escrituras. Permíteme recordártelas:
1. Dios no llamó a lo mejor del mundo, ni a los más fuertes ni a los más santos. La Escritura dice que llamó a lo peor:
«Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia» (1 Corintios 1:27-29).
2. Solo somos vasos de barro que llevan algo precioso. Lo importante no somos nosotros, sino lo que llevamos. Por eso, que nos vean tal como somos no es malo: es mostrar a Cristo.
«Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros» (2 Corintios 4:7).
3. En nuestra carne no mora el bien (Romanos 7:18). Incluso nuestras buenas obras son fruto de su gracia: Él las preparó para que anduviéramos en ellas.
«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Efesios 2:10).
¿Una apariencia que guardar?
Ahora te pregunto: ¿hay una buena apariencia que guardar ante nuestros hermanos? ¿Se puede salir de la pornografía guardando el secreto? ¿Es mejor callar ante la congregación y quitarles a nuestros hermanos el privilegio bíblico de orar por nosotros?
«Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos» (Efesios 6:18).
¿Cómo van a suplicar mis hermanos por mí si no saben a qué estoy atado?
«Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él» (Hechos 12:5).
¿Por qué la iglesia no puede orar sin cesar por quien está preso de su adicción?
«Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho» (Santiago 5:16).
Debemos practicarlo sin temor. Tratémonos como hermanos dentro de la iglesia; que nuestro amor sea sin fingimiento, y que podamos descansar de las caretas que usamos a diario en el mundo y mostrarnos tal como somos.
«Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos» (Hechos 19:18).
¡Qué maravilla lo que hace el evangelio en la vida del creyente! Al conocer a Cristo, aquellos hermanos fueron capaces de confesar lo que practicaban. Si la iglesia lo hizo en el siglo primero, ¿por qué no podemos hacerlo hoy?
Las pautas de Dios
Estos son algunos de los ejemplos que nos da la Escritura para imitar y practicar como iglesia. Son las pautas que Dios mismo dejó para la vida de su pueblo.
Que el Señor nos ayude a confrontar desde el púlpito este pecado que asola a la iglesia: sin temor, sin vergüenza y sin falso pudor. Que el Señor nos ayude.
Pastor, si estás luchando en secreto, no estás solo. Escríbenos con total confidencialidad o comienza el curso Libres por su gracia: 30 días hacia la libertad en Cristo.