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Libres por su gracia

En la lucha, Vida personal

Y… ¿qué viene después de la caída?

29 de junio de 2019

Los primeros pasos

Recuerdo que al empezar mi proceso de restauración el camino fue escabroso. Los únicos que me abrazaban eran el temor, la duda, el desaliento y la certeza de que no podría salir de la adicción. Lo sabía porque llevaba 20 años intentándolo: a los pocos días de cada intento regresaba en peor condición, con una adicción más profunda, al punto de levantarme de madrugada a mirar pornografía y masturbarme para poder volver a dormir.

Al empezar a caminar uno es como esos animalitos recién nacidos: da pasos endebles, sin firmeza, temerosos, tropezando con todo. Se batalla día a día, hora a hora. Es una lucha gigantesca en la que las victorias se cuentan en minutos, sobre todo cuando en tu historia no aguantabas una hora sin ver pornografía. Imagino que muchos se sienten identificados, porque el patrón es el mismo para todos los adictos.

A los pocos días de empezar un curso en un ministerio cristiano me di cuenta de que llevaba una semana limpio, sin mirar pornografía y sin masturbarme. Detrás de esa abstinencia también había un infierno desatado en casa, que me ayudó a alejarme del computador por las noches.

Pasaron seis meses y seguía limpio. Recién ahí empecé a creer que se podía escapar de las garras del XXX.

La caída

Me mantuve limpio un año y ocho meses, hasta hace unos días. Fue un momento de debilidad espiritual en el que dejé flancos abiertos. Cuando vino el estrés —el ajetreo del trabajo, la vida personal, la economía— no resistí la tentación y, ¡plum!, recurrí a mi antiguo calmante contra el estrés: la masturbación. Gracias a Dios no recurrí a la pornografía, pero me sentí como si hubiera visto una maratón de XXX.

Después vinieron a mi mente un millón de cuestionamientos y todos los miedos del pasado. Empecé a decirme lo tonto que era: ¿cómo volvía atrás, si me había costado tanto llegar a un año y ocho meses? ¿Cómo podía volver atrás después de tanta gente que dañé en el camino de la pornografía? Reflexioné un rato, lidié con mi dolor, con el desagrado y con mi profunda decepción. Pero esta vez hice algo que antes no hacía: fui a los pies de la cruz. Le dije: «Perdóname, Señor, te estoy fallando a ti».

Cumplir la promesa

Me mantuve pensativo el resto del día. Llegué a casa y todo estaba normal, pero no dejaba de pensar en la promesa que le hice a mi esposa hace casi dos años: «Confía en mí; si vuelvo a caer, te lo diré». Tenía mucha vergüenza y mucho miedo, pero por honra al Señor y a la verdad, cumplí.

«Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9).

¿Qué hacer después de una caída?

Esta es la lista de lo que a mí me sirvió:

  • Correr al único que puede levantarte, perdonarte y animarte en la carrera: Jesús, el Cristo.
  • Ser honesto contigo mismo y reconocer tu incapacidad de lidiar solo con tu adicción.
  • Cumplir tus promesas: haz lo que prometiste hacer si caías.
  • Buscar tu red de apoyo para confesar y ser reconfortado en espíritu.
  • Retomar los medios de gracia que el Señor dio a sus hijos: la Palabra, la oración, la Cena del Señor y la comunión de la iglesia.
  • Repasar las lecciones aprendidas en el pasado.

Esto me ayudó a salir del bache. Gracias al Señor fue temporal, y espero que no se repita, porque la frustración y la sensación de incompetencia son terribles. Y si volviera a caer, espero volver a la gracia y la misericordia del Señor, tal como lo hice hace unos días.

Una caída no anula la obra de Cristo. «Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse» (Proverbios 24:16).

Si acabas de caer, no te escondas. Escríbenos con total confidencialidad o comienza el curso Libres por su gracia: 30 días hacia la libertad en Cristo.