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Libres por su gracia

Adictos Pornografia, Pornografia, Verguenza

Pornografía al acecho: cuando te conviertes en la presa

24 de julio de 2019

Camino en un bosque oscuro con niebla

Como un tigre

Hace un tiempo vi por televisión un documental sobre cómo cazan los tigres. Me impresionó mucho: a pesar de ser animales tan grandes, son muy sigilosos al acechar a su presa. Aunque deberían ser fáciles de ver, se esconden entre ramas de colores parecidos y se vuelven casi imperceptibles. Cuando la presa se da cuenta, ya es tarde: no tiene forma de escapar.

En mis meditaciones de la mañana camino al trabajo, que generalmente empiezan cuando me subo al auto, me preguntaba: ¿por qué la pornografía llega a tantas personas y con tanta facilidad?

Mi respuesta fue algo así: la pornografía está al acecho, como un tigre frente a su presa. «Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:8).

Un mundo sexualizado

Vivimos en un mundo altamente sexualizado. Prueba de ello son las letras de muchas canciones que cantamos o bailamos a diario sin prestarles atención. Ni hablar del reguetón o de algunas salsas: letras abiertamente sexuales y bailes que pueden despertar los instintos hasta de la persona más inapetente. Haz la prueba: pon atención a la letra de las canciones de moda la próxima vez que suenen en la radio. Te vas a sorprender de lo que cantamos sin pensar.

Y no es solo la música. ¿Te has preguntado por qué la publicidad tiene que ser tan explícita? ¿Por qué para vender una cerveza tengo que ver un cuerpo desnudo? ¿Por qué para vender un perfume tengo que ver a un hombre desnudo? Si buscas en internet publicidad con desnudos, te impresionará la cantidad de marcas que abusan de la desnudez, e incluso de la pornografía, para conseguir clientes.

Entras a cualquier página web y hay anuncios en las esquinas: juegos «para adultos», casas de citas, páginas pornográficas. Te separa un solo clic del mundo de la pornografía.

¿Y te has preguntado por qué en la gran mayoría de las películas hay escenas de sexo y desnudos? ¿Por qué tengo que ser expuesto a ello si no estoy viendo una película pornográfica?

Ciego y atrapado

Para mí, antes, todo eso era normal. No me daba cuenta de lo sexualizada que estaba la sociedad ni de que la pornografía acechaba mi alma. No podía escapar de mi adicción, porque todo mi entorno estaba diseñado por personas caídas que caminan en sombras, que no han sido alumbradas por la luz de Cristo.

Ese entorno me mantenía ciego, atrapado y convencido de que no podía escapar. Era una presa fácil. Cuando intentaba huir, ya todo estaba perdido, porque no me había dado cuenta de lo profundo que era mi problema. Igual que la presa del tigre: cuando lo ve, ya lo tiene encima.

El cambio que hace el Señor

Pero llegó el día en que me sentí libre, en que mi acechador ya no estaba cerca. El Señor había preparado mi corazón durante meses para que abriera la boca y gritara pidiendo ayuda.

Hoy mi entorno no ha cambiado nada: la publicidad sigue igual de sexualizada y la música con las mismas letras. Pero hubo un cambio profundo, en mi corazón. Es el que hace el Señor: renueva el entendimiento y te da una nueva visión para luchar contra el pecado. «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento» (Romanos 12:2).

Hoy puedo decir que aborrezco la pornografía. Me molestan las escenas de sexo y me incomoda la publicidad con poca ropa. Gracias a Dios, hoy puedo ver a mi acechador a la distancia, y eso me da tiempo suficiente para huir y no volver a ser su víctima.

Hoy puedo decir con absoluta certeza: ¡soy libre por su gracia!

Soli Deo gloria.

Si sientes que eres la presa, no esperes a que sea tarde. Escríbenos o comienza el curso Libres por su gracia: 30 días hacia la libertad en Cristo.