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Libres por su gracia

Consejería, En la lucha, Pornografia

Y tú, ¿cómo manejas el estrés?

2 de agosto de 2019

Cuando todo se junta

Estos días han estado cargados de trabajo, y además con esos problemas que, cuando sale uno, salen todos: se te daña el auto, te enfermas y tienes que ir al hospital, se enferma tu hija pequeña y otra vez al hospital, el sueldo no alcanza como uno quisiera y aparecen conflictos en el ministerio. Todo eso hace que mi organismo colapse y que mi mente anhele el narcótico que lo calma todo. Y para mí ese narcótico es la pornografía.

Se encendieron las alarmas. Empecé a notar que mi muro de contención se debilitaba y que volvían esas ganas incontenibles de masturbarme y liberar mi dosis de dopamina. Me llamó mucho la atención, así que hice un recuento de los días anteriores, una lista como esta:

  1. No he visto nada que me estimule de esa forma.
  2. Ayer tuve intimidad con mi esposa; debería estar tranquilo.
  3. No he tenido ningún sueño que me estimule.
  4. No he comido mariscos.

Puede sonar chistoso, pero me hice un escáner, como el que se le hace a un auto, y no encontré ninguna falla que explicara esta crisis.

Las técnicas no bastaban

Pasé los días usando las técnicas aprendidas: canté muchos himnos, jugué videojuegos, traté de comer cosas ricas (aunque son pocas, porque soy celíaco). Hice de todo para mantener mi mente lejos de la pornografía.

Lo raro es que la lucha se volvió diaria. Normalmente las crisis me venían de vez en cuando, muy distanciadas, pero últimamente eran todos los días. Y quienes pagaron los platos rotos fueron los de mi familia: me puse de muy mal humor y dejé de hablar. El estrés me hace muy mal.

Sin darme cuenta quedé envuelto en ese mundo de problemas y no podía desprenderme de ellos. Cada mañana fría —muy fría— me encontraba con que el auto no funcionaba y tendría que pasar frío, y eso empeoraba mis emociones.

Lo que había olvidado

Ayer me dio una crisis de colon y, además, se presentó algo que estaba evitando precisamente para no sumar más estrés. Y hoy, en mi meditación de la mañana, el Señor me iluminó: había estado cargando todo este estrés sin haber sido capaz de orar para descansar en su soberanía y misericordia. ¡Qué necio fui! Cargué ese peso durante semanas, cuando Jesús me dijo que Él lo llevaría por mí: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar… porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga» (Mateo 11:28-30). ¿Dónde tenía la cabeza para olvidar esta gran verdad?

Es muy fácil enseñar con las Escrituras la soberanía de Dios sobre todas las cosas. Es fácil decirle a otro: «Descansa en Él; Dios es soberano y está proveyendo cada cosa para tu vida». Pero qué difícil es recordarlo cuando somos nosotros los que estamos agobiados, con ganas de salir corriendo de la vida.

Esto me enseñó algo importante para la lucha: muchas veces el detonante de la pornografía no es una imagen, sino el estrés, el cansancio, la ansiedad o el dolor. El corazón busca un refugio, y si no corre a Cristo, correrá a un ídolo.

Mi plan para manejar el estrés

Hice una lista que me ayuda a mí y puede ayudarte a ti:

  1. Acudir a Cristo antes que a cualquier otra cosa (Filipenses 4:6-7).
  2. Detenerme a pensar si la situación realmente amerita tanto estrés.
  3. Identificar cada situación por su nombre.
  4. Resolver lo que se puede resolver.
  5. Lo que no tiene solución, entregárselo a Cristo en oración (1 Pedro 5:7).
  6. Leer sobre el manejo del estrés y aplicar lo que sirva. Habrá buenos y malos consejos; quédate con los que estén de acuerdo con la Biblia.
  7. Entender que el Señor, en su soberanía, permite estas situaciones para que me rinda a sus pies.

Esas son algunas de las decisiones que tomé y que procuro seguir para no volver a las garras de la adicción sexual.

Y tú, ¿cuáles son tus detonantes? Si necesitas ayuda para identificarlos, escríbenos. En el curso Libres por su gracia: 30 días hacia la libertad en Cristo te ayudamos a armar tu propio plan de batalla.