La pornografía es como una serpiente de siete cabezas

Al final se hace el balance
La vida es un proceso largo. En promedio dura unos 75 años; algunos pasan de los 100 y otros no llegan a los 25. En este proceso vivimos altos y bajos, días felices y días tristes, luchas ganadas y muchas perdidas. Solo al final de nuestros días pondremos todo en la balanza y sabremos si ganamos o perdimos la batalla.
En mi caso, las cuentas todavía están en rojo. De mis 39 años de vida, he vivido 26 atado a la pornografía. Espero que, cuando haga el recuento final, los años de libertad sean más que los de esclavitud.
Hoy reflexionaba en el apóstol Pablo y su aguijón en la carne. ¿Qué sería? No lo sabemos con certeza. Pero sí sé cuál es el mío: una inclinación profunda que he logrado someter, pero que todavía me acompaña. Sé que debo luchar contra mi pecado hasta el último de mis días, como cualquier otro cristiano. Vivo con un corazón en constante lucha entre exaltar el nombre de Cristo o correr tras mis deseos oscuros. Y aun así, «bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9).
Un enemigo de muchas cabezas
La pornografía es como una gran serpiente, fuerte y, por si fuera poco, de siete cabezas. Es un enemigo con estas características:
- Es más grande de lo que imaginamos.
- Está en el lugar menos pensado.
- Está normalizada entre los hombres, incluso entre hombres y mujeres cristianos. (La pornografía neutraliza al hombre)
- Es altamente adictiva.
- No respeta credos, clases sociales ni cargos en la iglesia: afecta tanto al pastor como al miembro. (Difícil confrontar la pornografía en la iglesia)
- Te engaña hasta el punto de querer imitar lo que ves, incluso la violencia y el maltrato.
- Te aísla del mundo hasta preferir la pantalla antes que a tu familia, tu iglesia y Dios mismo.
- Te roba la familia, la santidad y la manera de ver a las mujeres; peor aún, te hace ver a tus hermanas en Cristo como objetos de deseo. (¿Qué te ha robado la pornografía?)
- Les quita la humanidad a las mujeres y las convierte en material para saciar la lascivia del corazón.
- Normaliza toda forma de inmoralidad sexual: primero la siembra en el corazón y después empuja a materializarla.
Le corté una cabeza… y me olvidé de las otras
Al comenzar la lucha uno está derrotado, convencido de que no podrá ganar. Pero pasan los días y las semanas, y por fin, después de años, logras mantenerte un mes limpio. Empiezas a darte cuenta de que sí se puede. Ganas confianza; la lucha sigue siendo dura, pero te aferras a las promesas del Señor y sigues adelante.
Yo caminé un poco más de dos años en libertad hasta mi recaída. ¿Cómo, si llevaba tanto tiempo libre? Fácil: me olvidé de que la pornografía era una serpiente de siete cabezas. En mi primera lucha le corté una cabeza y olvidé que todavía le quedaban seis. Mientras me dedicaba a ayudar a otros hombres atrapados en la adicción, bajé los brazos, volví a confiar en mi corazón pecaminoso y en mi propia sabiduría, y caí. Lo peor es que mi corazón volvió a ponerme las mismas excusas de años atrás, y yo me las creí como un niño ingenuo, o como un adicto deseoso de su droga.
«Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga» (1 Corintios 10:12).
Descansar en Él
No es fácil. Hoy sé que la lucha durará el resto de mis días. Y hoy me di por vencido: ya no lucho con mis fuerzas. Hoy me apropio de la Palabra del Señor y le creo:
«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga» (Mateo 11:28-30).
Señor, ayúdanos a confiar en ti cada día, a descansar realmente en ti, a ser humildes y reconocer que solos no podemos, que te necesitamos a diario. No es agradable ser débil, pero tú prometiste que en nuestra debilidad se perfecciona tu poder. Gracias por permitirme vivir esa promesa: hoy puedo hablar de lo que antes me avergonzaba, del secreto más grande de mi vida.
Si estás en esta situación, hay salida para ti, para tu esposa y para tu familia. No dejes que la pornografía te arrebate lo que amas ni lo más precioso que tienes: tu comunión con Dios. Escríbenos o comienza el curso Libres por su gracia: 30 días hacia la libertad en Cristo. Te acompañaremos en el proceso.